Pionero
del Joven Cine Alemán -el Junger Deutscher Film-, Volker Schlöndorff es uno de
los más relevantes directores europeos contemporáneos.
Nacido en Wiesbaden, Alemania, el 31 de marzo de
1939, y procedente de una familia de médicos, estudió en París donde se
licenció en Economía Política. Tras cursar Cine en el IDHEC, en los años
cincuenta se inició como realizador de reportajes de actualidad sobre las
guerras de Argelia y Vietnam para la televisión. Sin embargo, el oficio profesional
lo aprendió junto a Louis Malle y Alain Resnais, y también como ayudante de
dirección de Jean-Pierre Melville. Luego, unido al Manifiesto de Oberhausen, se
lanzó a realizar películas en su Alemania natal.
Con sus coetáneos Alexander Kluge, Peter Schamoni,
Edgar Reitz, yJean-Marie Straub, entre otros, realizó filmes que renovaron el
cine germano, tal como proponía el citado Manifiesto de 1962: "Nosotros
pretendemos crear un nuevo cine alemán. Este nuevo cine necesita nuevas
libertades: libertad frente a los convencionalismos usuales del ramo, libertad
con respecto a la tutela de ciertos intereses. Nosotros tenemos, en relación a
la producción del nuevo cine alemán, ideas concretas de tipo intelectual,
formal y económico. El viejo cine ha muerto. Creemos en el nuevo".
Schlöndorff fue cabeza de fila, por tanto, de
esa Nueva Ola que ofreció en las pantallas la otra cara del "milagro
económico", con su primer largometraje El
joven Törless (1965), una magistral adaptación de la obra de Robert Musil y
que se le reconoció con premios internacionales. A pesar de ser discutido por
sus siguientes filmes, Asesinato y
homicidio (1967) y El rebelde
(1969) se consolidaría entre los mejores autores de su país y del continente
europeo. Asociado con sus colegas Peter Fleischmann y Reinhard Hauff, incluso
se constituyó en productor independiente, con las firmas Halleluyah y Bioskop.
Los principales sucesores de aquel Joven Cine Alemán fueron Rainer Werner Fassbinder,
Werner Herzog y Wim Wenders.
El cine de Volker Schlöndorff presenta ciertas
características creadoras: la lucha del hombre contra el sistema, la
resistencia a la opresión y al régimen coercitivo o veladamente autoritario,
como se aprecia en El honor perdido de
Katharina Blum (1975), escrita y dirigida en colaboración con su esposa,
Margarethe von Trotta, que es también realizadora. Asimismo, la denuncia contra
cualquier totalitarismo viene a ser el fondo latente de su obra fílmica, pero
sin trascender en esos años del ámbito materialista. Influenciado por Bertold Brecht
(La repentina riqueza de los pobres de
Kombach, 1970), es un hondo conocedor del lenguaje del arte cinematográfico
y posee una refinada caligrafía, con gran dominio del blanco y negro. Sus
novedosos filmes tienden a un clasicismo que está inserto en la cultura y
tradición germanas.
De temperamento romántico, su riguroso y
austero estilo (Tiro de gracia (1976))
resulta tremendamente conceptual, a nivel ético y estético, no carente de
frialdad, sencillez, crudeza expositiva y violencia interna, aunque se le ha
acusado de incurrir, a veces, en ciertas concesiones. Así, en su posterior
intento de combinar el cine popular con el comercial, nuevamente trabajó para
la televisión, sin abandonar la dialéctica marxista, poniendo en entredicho el
pasado de su país (Der Kandidat,
1980), con clara analogía a la situación política del momento, como se
evidencia en el film colectivo Deutschland
im Herbst (1978), o en su dura Círculo
de engaños (1981) que, en algunas latitudes, toma visos bastante
universales. Esto sucede especialmente en El
tambor de hojalata (1979), según la novela de Günter Grass, con la que ganó
el Oscar de Hollywood y la Palma de Oro en Cannes.
Posteriormente, Schlöndorff abandonaría su
país para realizar dos adaptaciones literarias: en Francia la obra de Marcel
ProustEl amor de Swann (1983) y en
Estados Unidos la pieza de Arthur MillerMuerte
de un viajante (1985), pero con escaso éxito. Sus ultimas realizaciones
denotaron un autor que acaso se encontraba en un cierto "impasse" como
cineasta. No obstante, sus magistrales películas sobre el nazismo, El ogro (1996) y El noveno día (2004), donde abandona el materialismo histórico para
aproximarse al humanismo cristiano, evidencian a un gran creador, de enorme categoría
artística.