El padre de El exorcista es uno de los casos más
trágicos de caída fulgurante de la historia de Hollywood. A pesar de rodar el
famoso film sobre posesiones demoníacas, William Friedkin no acabó de revalidar
el éxito después y acabó relegado a filmes de bajo presupuesto.
Nacido en Chicago (Illinois), el 29 de agosto de 1935,
William Friedkin era hijo de un marino mercante y una enfermera. De pequeño
descubrió Ciudadano Kane, de Orson
Welles, y quedó tan fascinado que desde entonces tuvo muy claro que tenía que
dedicarse a las películas.
Nada más graduarse en el instituto empezó a trabajar para
una cadena televisiva. Poco a poco, fue ascendiendo hasta que acabó dirigiendo diferentes
programas. Su documental The People vs.
Paul Crump, sobre un condenado a muerte, ganó algún premio, y tuvo una
importancia fundamental a la hora de que se le conmutara la pena al propio reo.
También dirigió el episodio "Off-Season", de la serie Alfred Hitchcock presenta. Recuerda que
el maestro del suspense le echó una enorme bronca, curiosamente por no ponerse
corbata mientras ejercía como director. A continuación se estableció en
Hollywood, y debutó como realizador cinematográfico con Good Times, que tenía como protagonistas a los populares cantantes
Sonny y Cher. Le siguió The Birthday
Party, correcta adaptación de un texto de Harold Pinter.
Cuando le ofrecieron adaptar la novela French Connection (Contra el imperio de la droga), de Robin Moore,
William Friedkin no sabía si aceptar, pues el libreto no le convencía en
absoluto. Por aquel entonces estaba liado con una hija del maestro Howard
Hawks, así que en una de las ocasiones en las que se encontró con el director
de Río Bravo no pudo resistirse a
preguntarle qué le parecían sus películas. "Malísimas", contestó el sincero
Hawks. Pero le dio una buena recomendación. "Rueda una persecución. Esfuérzate
en que sea la mejor que nadie haya rodado jamás". Friedkin aprovechó el
consejo, aceptó el proyecto, y se lució en una secuencia en la que el detective
'Popeye' Doyle (Gene Hackman) corre tras un narcotraficante, encarnado por el
español Fernando Rey. A Friedkin le dieron el Oscar al mejor director, y el
film consiguió otros cuatro: película, actor (Gene Hackman), guión y montaje.
Uno de los espectadores que quedaron más impresionados por
la persecución central del film fue el escritor William Peter Blatty, que había
vendido a Warner los derechos de su novela El
exorcista, basada en un hecho real, que había sido un éxito de ventas.
Aunque el estudio barajaba los nombres de Arthur Penn y Stanley Kubrick (que
rechazó el proyecto), el autor insistió en que quería en la película la energía
del anterior film de Friedkin.
La historia de un sacerdote en crisis de fe, el padre Karras
(Jason Miller), que con ayuda de un cura veterano, el padre Merrin, intenta
ayudar a una niña poseída por el diablo, fue todo un acontecimiento, un
fenómeno cultural con pocos precedentes, y está considerada hoy en día un
clásico del terror. Una de las claves del éxito es sin duda el esfuerzo de
Friedkin por ser realista, sobre todo en lo relativo al ritual católico de los
exorcismos. Obtuvo 10 nominaciones a los Oscar, aunque tuvo que conformarse con
dos, guión adaptado (obra del propio Blatty) y sonido.
En aquel momento, Friedkin estaba considerado uno de los
directores con más futuro de la industria, y los críticos le consideraban uno
de los más importantes realizadores del Nuevo Hollywood, junto con Francis Ford
Coppola y Peter Bogdanovich (otro realizador malogrado). Pero entonces le
sobrevino su película maldita, titulada precisamente Carga maldita, remake de la francesa El salario del miedo con Roy Scheider. Pese a que se trata de un
film excelente, tuvo la desgracia de estrenarse poco después de La guerra de las galaxias, que supuso
tal fenómeno que relegó al fracaso a lo que podía hacerle competencia.
Tras estrellarse con esta película, Friedkin se arruinó y
sufrió una enorme depresión. En el implacable Hollywood, todo el mundo vale lo
que su última película, y Friedkin sólo consiguió que le escogieran para
dirigir filmes de bajo presupuesto, como El
mayor robo del siglo, comedia menor con Peter Falk. Intentó volver a
primera línea con A la caza,
impactante thriller en el que Al Pacino interpreta a un policía que se hace
pasar por homosexual, y acude a locales de citas para dar con un peligroso
asesino. Ávido nuevamente de realismo, Friedkin filmó en escenarios reales, con
personajes sacados del sórdido mundillo que retrataba, pero el film fue en su
momento otro fracaso, a pesar del impecable trabajo de Al Pacino.
Tampoco tuvo mucha repercusión en taquilla, aunque hoy está
prácticamente considerada una película de culto, Vivir y morir en Los Ángeles, donde William Petersen (posterior
estrella de CSI: Las Vegas) realiza
uno de sus mejores trabajos como agente dispuesto a saltarse todas las reglas
por capturar a Eric Masters (Willem Dafoe), un falsificador de moneda que ha
matado a su compañero.
Desde que rodó esa cinta, Friedkin parece un tanto
desengañado del mundillo de Hollywood, y se limita a rodar producciones muy
convencionales, a veces de cierta calidad, como en el caso de Reglas de compromiso o The Hunted (La presa), pero en las que
es imposible detectar la huella del autor. Quizá le interesaba más desarrollar
una nueva faceta como director de ópera, su dirección de obras de Bartok y
Puccini han merecido alabanzas del mismísimo Plácido Domingo. En cualquier
caso, y a pesar de ser septuagenario, sigue en la brecha del cine y ha
procurado resarcirse recientemente con Killer
Joe, una dura película al estilo Tarantino, o sea, violencia paródica y
humor negro al canto, sobre un asesino a sueldo, que él ha descrito como una
versión diferente del cuento de Cenicienta.
Tras divorciarse de la actriz Jeanne Moreau, dos años
después de su boda, Friedkin ha estado ligado a las también intérpretes Lesley-Anne
Down (con quien tuvo un hijo), Kelly Lange y Sherry Lansing.