Wim Wenders
ha llegado a estar considerado como un realizador marginal alemán, lo que no le
impide ser un cineasta poético que fascina a los intelectuales, aunque no
siempre le comprendan.
Nacido en Dusseldorf, Alemania, el 14 agosto de
1945, Wim Wenders es uno de los herederos del Joven Cine de su país. Un autor vanguardista
y cosmopolita, que ha recibido influencias de la cultura popular americana y de
cineastas tan dispares como Michelangelo Antonioni, Nicholas Ray y Yasujiro
Ozu, o del escritor germano Peter Handke. Tras estudiar Medicina y Filosofía,
tuvo que aprender el arte fílmico en la Cinemateca Francesa al no ser admitido
en el famoso IDHEC de París. Matriculado después en la recién creada Escuela
Superior de Cine y Televisión de
Munich, se diplomó como Director y realizó seis cortos, al mismo tiempo que
ejercería la crítica cinematográfica (Filmkritik, Die Suddeutsche Zeitung) y de
música rock. De formación católica, es doctor en Teología.
Su primer largometraje, Summer in the City (1970), es un original paseo por el ambiente
urbano con referencias a la América contemporánea, que anunciaría su temática
posterior y la cual tuvo su culminación estético-narrativa en la road movie más
famosa de Wenders: París, Texas, con
la que ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes de 1984. Sin embargo, en la
década anterior había realizado una trilogía siguiendo los principios del Nuevo
Cine alemán: Alicia en las ciudades
(1974), Movimiento en falso (1975) y En el curso del tiempo (1976), todas películas
interpretadas por el actor Rüdiger Vogler, y en las que mostraba sus
inquietudes filosóficas. Con estos filmes inicia un singular itinerario moral y
existencial, a modo de viaje interior y físico, con personajes en tránsito y en
búsqueda de su identidad, que él mismo expresaría con estas palabras: "El
movimiento es la fórmula narrativa que más conviene al cine".
Preocupado por la marginación y desaparición
progresiva de la individualidad, como se aprecia en El miedo del portero ante el penalti (1971), Wim Wenders continuó
su reflexión sobre la personalidad creadora y la crisis del cine de autor con El estado de las cosas, película
realizada en Portugal y con la que obtuvo el León de Oro del Festival de
Venecia de 1982.
Aunque poseía la firma Road Movies, que
produjo para su habitual guionista Peter Handke La mujer zurda, y él dirigió la obra escénica "Por las ciudades",
Wenders estaba algo desarraigado del cine de su país. Por eso rodó su thriller
más célebre, El amigo americano
(1977), según una novela de Patricia Highsmith, con Bruno Ganz, Samuel Fuller,
Dennis Hopper y Nicholas Ray como protagonistas. Más tarde se instalaría en
Estados Unidos para realizar nuevos homenajes: la película dedicada a Ray Relámpago sobre agua (Nick's Movie, 1980),
que captó la agonía de este gran realizador, y al cine "negro" y Dashiell
Hammett, con El hombre de Chinatown
(1982). En Nueva York crea otra firma productora, la Gray City. Después, fue a
Japón para homenajear al maestro Ozu en Tokyo-Ga
(1984).
En 1987 regresaría a Alemania para realizar su
magistral El cielo sobre Berlín, que
tiene una segunda parte, ¡Tan lejos, tan
cerca!, 1993. Pero, en el interín aún dirigió otra ambiciosa fábula: su
thriller filosófico-futurista Hasta el
fin del mundo (1991), donde consolida su peculiar estilo creador, tremendamente
minoritario y de difícil intelección, preocupado esencialmente por el campo de
la imagen.
El cine de Wim Wenders es poético y simbólico,
racional y especulativo, crudo y violento, brillante y sorprendente,
experimental e innovador, obtuso y, a veces, hasta pretencioso. Autor
atormentado y un tanto enigmático, sus confusas propuestas son esperadas por un
público formado por intelectuales que debaten sus películas aunque no las acaben
de comprender. Ha realizado también diversos trabajos para televisión y
presenta personajes solitarios, desarraigados, con problemas de comunicación,
bajo un prisma frío y lírico. En ocasiones, sus filmes contienen toques
onírico-surrealistas no exentos de cierto barroquismo y erotismo decadente.
Gran
cinéfilo y amante de la música -recuérdese su magistral Lisboa Story (1994), verdadero homenaje al Séptimo Arte, y el
documental cubano Buena Vista Social Club
(1999)-, en la primera década del siglo XXI, este prolífico realizador ya ha
demostrado que es un maestro del cine, con propuestas tan poderosas como Tierra de abundancia (2004), sobre las
repercusiones del histórico atentado del 11 de septiembre de 2001, o el
documental ficcionado Pina (2011).