
Una segunda etapa se inicia con Annie Hall, que supuso el gran punto de inflexión en su carrera, pues Allen empezó a hacer un tipo de cine más reflexivo, tragicómico, de mayor calado. Inaugura una de las temáticas favoritas del cineasta, el hombre que sabe lo que quiere (en este caso la chica ideal), que llega a conseguirlo y que finalmente acaba perdiéndolo por méritos propios (aplíquese también a Match Point). El film fue galardonado con dos Oscar, al mejor director y al mejor guión, que Allen no fue a recoger porque tenía que tocar el clarinete en un local. En la misma onda tragicómica se sitúa Manhattan, con inolvidable fotografía en blanco y negro de Gordon Willis, legendario operador de El padrino, que se convirtió en uno de los directores de fotografía habituales de Allen junto con Carlo Di Palma. En esta época, Allen estaba emparejado con Diane Keaton, actriz en varios de sus films, como Interiores, su primer drama y la primera película dirigida por él en la que no intervenía como actor. Pronto sustituiría a Diane por Mia Farrow, que trabajó por primera vez con él en La comedia sexual de una noche de verano, iniciando así una tercera etapa, la más irregular, pero también la más experimental. Allen se atreve a buscar fórmulas nuevas, como su divertido documental ficticio, Zelig, su magistral comedia fantástica La rosa púrpura del Cairo, homenaje a la pasión cinéfila, una película de episodios codirigida por Coppola y Scorsese, Historias de Nueva York, y hasta rueda cámara en mano, en Maridos y mujeres. Curiosamente, ya se hablaba de decadencia del artista neoyorquino cuando dejó a Mia Farrow, provocando una gran polémica en prensa al emparejarse con Soon-Yi Previn, hija adoptiva de esta última.
Algunos pensaban que Woody ya estaba viejo, al dar muestras de decadencia con la decepcionante Alice y Sombras y niebla, su homenaje al Expresionismo Alemán, que aún así tenía momentos magistrales. Pero a pesar de la controversia sobre Soon-Yi, Woody Allen resurgió de sus cenizas, iniciando una etapa de plenitud con la ingeniosa Misterioso asesinato en Manhattan, una de sus mejores películas. La veteranía es un grado, sobre todo en el caso de Allen, que a lo largo de la década de los 90 ofreció películas tan memorables como Balas sobre Broadway o el musical Todos dicen I Love You. Empezó el nuevo milenio con buen pie, dirigiendo La maldición del escorpión de Jade, particular tributo al cine negro, en clave humorística, o la excelente Un final made in Hollywood, impagable retrato del mundillo del cine que conoce tan bien. Allen abandonó su querida Nueva York, para irse a rodar a Londres el memorable drama Match Point, aunque también rodó en la capital británica Scoop, una comedia con elementos que recuerdan a Misterioso asesinato en Manhattan.




























