Las estilizadas, delicadas e impactantes imágenes
de su cine son el sello más característico de Zhang Yimou, el más ilustre
representante de la llamada Quinta Generación de directores chinos. Es también
el que tiene un estilo más cercano a la sensibilidad occidental, lo que explica
que sea desde hace muchos años el mayor embajador del cine de su país en todo
el mundo. Hasta que derivó en espectaculares cintas de acción, como Hero, su
especialidad era el drama histórico o contemporáneo de contenido social, casi
siempre con protagonistas femeninas. Acapara más premios que nadie en
festivales de prestigio, y sus estanterías deben parecer un zoológico, porque
están llenas de Osos (de Berlín) y Leones (de Venecia).
Nacido en la ciudad de Xi'an, al norte de China, el 14 de
noviembre de 1951, Zhang Yimou es hijo de un militar. Siempre soñó con ser
cineasta, pero no era fácil dedicarse a esta profesión en la época más dura del
régimen comunista de Mao Zedong, cuando se cerró la escuela de cine. Durante la
Revolución Cultural, el joven Zhang abandona sus estudios y trabaja primero
como pastor y después como operario textil, en un centro de trabajo durante 10
años, aunque nunca renunció a su vocación. Tras la muerte de Mao, en 1976, se
produce un tímido aperturismo, que entre otros efectos produce la reapertura de
la escuela de cine, por lo que Yimou puede al fin matricularse en fotografía.
Allí tiene como compañero a otro de los grandes directores de su país, Chen
Kaige (Adiós a mi concubina), al que
Yimou arropa ejerciendo como director de fotografía en su debut en el cine, Tierra
amarilla, de 1984.
No tardó mucho tiempo el propio Zhang en debutar como
director, con Sorgo rojo, de 1987, uno
de los más prometedores debuts que se conocen, que le hizo merecedor del Oso de
Oro en Berlín. En este drama rural
que se desarrolla en los años 30, una mujer es enviada por su padre a una
bodega para convertirse en esposa de su propietario, enfermo de lepra. Pero
ella se enamora de otro. El personaje central estaba interpretado por Gong Li,
con la que el director inició una relación sentimental, y que se convertiría en
su actriz fetiche. La propia Gong también protagoniza un film de temática muy
parecida, Ju Dou, semilla de crisantemo -Espiga de Oro en Valladolid, en 1990 y candidata al Oscar a la mejor
película extranjera-, en la que un hombre mayor compra a una joven campesina
para que le dé un hijo varón. También fue nominada al Oscar la excelente La
linterna roja, con la que Zhang obtuvo
asímismo el León de Plata al mejor director. El título alude a la linterna con
la que el señor de una poderosa familia indica a cualquiera de sus concubinas
que ha sido la elegida para pasar la noche con él. Una de ellas es Songlian, una
joven de 19 años forzada a casarse con este hombre, a la muerte de su padre.
Este personaje está interpretado, como no podía ser de otra manera, por Gong
Li. Esta trilogía de cintas que se desarrollan a principios del siglo XX renovó
el interés por el cine chino en todo el mundo.
Zhang Yimou mantuvo el nivel en sus siguientes películas con
Gong Li, como Qiu ju, una mujer china,
donde ella interpretaba a una campesina embarazada que por primera vez no era
un bellezón como sus personajes anteriores, sino más bien una mujer corriente.
Esto explica que fuera recompensada con la Copa Volpi a la mejor actriz en
Venecia, donde Zhang se llevó también el premio al director. ¡Vivir! es una de las mejores cintas del cineasta, que sigue
los pasos de una familia a lo largo de cuatro décadas, desde la revolución
comunista.
Tras el thriller de gangsters La joya de Shanghai, de 1995, menos redonda que otras de sus películas,
Zhang Yimou rompe sentimentalmente con Gong Li, que dejaría de ser la
protagonista de sus películas. Esto le provoca una crisis creativa al cineasta,
que intenta que no cunda el
pánico, con una película de título revelador, Keep Cool
(Mantén la calma), ambientada en la
actualidad. Pero el cineasta recuperó la forma por completo en 1999, cuando
estrenó Ni uno menos, León de Oro
en Venecia, sobre una maestra que pierde a uno de sus alumnos. Aún mejor es El
camino a casa -Oso de Plata a la dirección
en Berlín-, emotivo drama romántico, historia de amor de una muchacha y un
joven maestro. Supuso el brillante debut de Zhang Ziyi, que se convirtió en la
sustituta artística de Gong Li para Yimou, toda una estrella pronto gracias a Tigre
& dragón. Esta cinta de Ang Lee iba a
tener una gran influencia en el cine de Yimou, porque puso de moda el 'wuxia',
género originario de Taiwán y Hong Kong que se distingue por sus escenas de
acción, y por sus escenarios
históricos. Tras la memorable Happy Times, Yimou abraza este género con Hero, con una fotografía sobrecogedora, que supone un
gran éxito. Consciente de que por ese camino llega a un público más amplio que
con sus dramas, Yimou ya no lo ha abandonado. Dirigió La casa de las
dagas voladoras y La maldición de
la flor dorada, que van en la misma
línea. Sólo se permitió regresar a
sus dramas habituales con La búsqueda (2005), que a pesar de su calidad, pasó desapercibida.