La gente se piensa que al trabajar como sesudo crítico de decine21.com siempre veo las películas con subtítulos. Pero la verdad
La gente se piensa que al trabajar como sesudo crítico de decine21.com siempre veo las películas con subtítulos. Pero la verdad es que cada vez que voy al cine me entran las dudas.
Alguien que no tenía muchas ganas de leer se inventó un día la frase "en España tenemos los mejores dobladores del mundo”, que desde entonces se repite como un latiguillo, y se acepta como una verdad universal, siempre y cuando se la digas a otro español, claro. Si se la sueltas a un latinoamericano muy posiblemente no estará de acuerdo:
–Los doblajes españoles sólo los entendéis vosotros, no como los mexicanos que sí son los auténticos pioneros de esta disciplina y que cuidan que no haya expresiones localistas para que lo pueda entender todo el mundo. Tampoco entiendo por qué las voces de los niños y niñas las pone siempre una señora fingiendo voz de tonto. Además, se modifican los chistes para que encajen hasta el punto de que dejan de tener nada que ver con el original. Y las voces de los dobladores muy pocas veces se parecen lo más mínimo al del actor real. En serio, es patético que las estrellas de Hollywood tengan acento madrileño, los mexicanos se esfuerzan por poner un acento neutro.
Eso me dijo un día un mexicano, así que le respondí: ¡Pero la paella, eso sí que no hay quien lo supere en el mundo! Y me quedé pensando que desde su punto de vista igual tenía algo de razón en cuanto a las películas. Posteriormente, vi una peli doblada en México para comprobar si tenía razón.
-Pinche, coyote, te voy a chingar –decía un secundario con acento claramente muy mexicano -. ¡Hijo de la chingada!
-Pues que empiese la balasera, wey –le contestaba Bruce Willis.
¡Menos mal que eran neutros!
-El doblaje es una aberración. Ver una peli así es como comprar un disco de Frank Sinatra y que le hayan doblado. La voz supone el 50 por ciento del trabajo de un actor, así que si no ves la versión original te pierdes la mitad de su esfuerzo –me aclaró el otro día una amiga purista, de ésas cinéfilas. –Además, por si no te has fijado, se repiten siempre los mismos dobladores. Tony Soprano tiene la misma voz que Homer Simpson, y claro, eso le hace mucho menos intimidante.
Así que fuimos a un cine de ésos para intelectuales, compuesto por minisalas enanas. Se ve que los defensores de la versión original son minoritarios aún, y no tienen derecho a pantallones decentes.
Además, resultó que los letreros eran un poco rudimentarios, como si no los hubieran cuidado mucho, con traducciones muy cutres y a veces hasta notables faltas de ortografía. Cuando soltaban alguna parrafada, no cabían los diálogos enteros, así que los resumían. Las letras van en blanco, por lo que cuando la parte de la imagen que les corresponde es de ese mismo color o demasiado claro, no se ve nada. Y cuando hablan en inglés o en un idioma que entiendes más o menos te das cuenta de que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Total, que después de la experiencia no sé cómo ver el cine. Así que de momento me he decantado por el doblaje en gallego, idioma especialmente bonito y poético. No hablo ni una palabra pero me encanta la labor de los dobladores gallegos, sobre todo desde que un día en un hotel coruñés puse la tele y descubrí que estaban poniendo Mystic River en la autonómica. En un momento en el que creía recordar que Sean Penn comentaba algo así como “de tal palo tal astilla”, os aseguro que decía con acento de Lugo:
-Fillo do porco, marrán seguro.
Me pareció buenísimo. Eso sí, estropeaba un poco el intenso dramatismo de la película. También resultaba especialmente impagable el doblaje de Pulp Fiction:
-Non empecemos a chuparnos as pirolas.
