Mishima: A Life in Four Chapters
- Duración: 02h 01 min
- Género: Drama | Biográfico
- Público apropiado: Adultos
- Valoraciones: decine21 (6) | usuarios (7.1)
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- Título original: Mishima: A Life in Four Chapters
- Año: 1985
- País: EE.UU.
- Dirección: Paul Schrader
- Intérpretes: Ken Ogata, Masayuki Shionoya, Hiroshi Mikami, Junya Fukuda, Shigeto Tachihara, Junkichi Orimoto, Haruko Kato, Go Riju, Kenji Sawada, Toshiyuki Nagashima, Reisen Lee, Naoko Otani, Yasosuke Bando, Sachiko Hidari
- Argumento: Yukio Mishima (vida y obras)
- Guión: Paul Schrader, Leonard Schrader, Chieko Schrader
- Música: Philip Glass
- Fotografía: John Bailey
- Distribuye en cine: Sherlock
Premios
Festival de Cannes
1985
Nominada a 1 premio
- Premio Especial del Jurado Paul Schrader
Contenidos (de 0 a 4 ¿qué es esto?)
Reparto
Crítica Mishima: Una vida en cuatro capítulos (1985)
Escritor trágico
Acercamiento a la vida y a las ideas del escritor y dramaturgo japonés Yukio Mishima, célebre internacionalmente tanto por la inmensa obra que dejó escrita como por su impactante muerte. La mañana del 25 de noviembre de 1970 se dirigió junto a un grupo de seguidores de la llamada Sociedad del Escudo hasta el Cuartel General de Tokio, donde amordazó al comandante en jefe. Luego, tras intentar inútilmente soliviantar a los militares para que se revolvieran contra la occidentalización de Japón, con la idea de devolver el poder al emperador, se quitó la vida al estilo samurái, es decir cometiendo el llamado 'seppuku' para ser finalmente decapitado por sus seguidores.
La película, producida por Francis Ford Coppola –es la época previa a Corazonada y de los experimentos de American Zoetrope– y George Lucas, está dirigida por Paul Schrader (American Gigolo, Toro salvaje), reputado director y guionista al que le gusta sacar a relucir las oscuridades de la naturaleza humana. Por su parte, el prestigioso actor nipón Ken Ogata se encarga de interpretar al protagonista. El resultado es interesante, y sin duda está enfocado a intentar comprender, o al menos atisbar, las razones que empujaron a Mishima hacia su dramático final. Se comprende que la película sea entonces muy literaria, de 'arte y ensayo', pues se va desarrollando conforme escuchamos en off las palabras del propio Mishima. Y ciertamente sus escritos arrojan luz sobre el mundo atormentado y narcisista del escritor, lleno de tristezas y fantasmas: opresiva y vacía visión materialista de la existencia; desproporcionada expansión de su ego y de la estética del cuerpo, con clara tendencia exhibicionista; la búsqueda desesperada y sexualizada (también en su variante homosexual) de la belleza absoluta, de una perfección que le resultaba inasible, etc. Mishima fue víctima de todo eso y llegó a concebir su muerte como la creación artística perfecta, una especie de unión íntima entre la palabra y la acción.
De todas maneras, quizá lo más llamativo de esta producción es cómo Paul Schrader plasma estas singulares ideas en pantalla, su apabullante aspecto formal. La trama está dividida en cuatro capítulos: 1. Belleza, 2. Arte, 3. Acción, 4. Armonía entre la pluma y la espada; y por otro lado todo el conjunto tiene una estructura abrupta, con hilos narrativos y estilos visuales independientes. El punto de partida es el inicio del último día de Mishima y luego se alternan otros fragmentos narrativos, que se refieren, por una parte, a la vida pasada del escritor y, por otra, a recreaciones del argumento de sus obras. Y es aquí, en las oníricas imágenes sobre sus escritos (se centra principalmente en tres: 'El pabellón de oro', 'La casa Kyoko' y 'Caballos desbocados') donde la película arriesga de veras. La puesta en escena es pretenciosamente artificial, con decorados minimalistas, ricos en colores chillones (rojo, amarillo, azul), con pasajes imbuidos de una trasnochada estética kitch de los 70, donde brilla la fotografía de John Bailey. Puede ser que esa teatralidad vanguardista resulte excesiva y no aguante bien el paso del tiempo, aunque también es cierto que recuerda a la que años después adoptó Lars von Trier en Dogville. Y dentro de ese contundente aspecto formal, también está sumamente cuidada la inclusión en cada pasaje de la excelente banda sonora de Philip Glass.
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